Generación Nini: ¿De niños mimados a adultos sin ilusión?

Cada vez más se produce en España un fenómeno social que, hasta ahora, se estimaba minoritario. Jóvenes que viven en casa, pasan de la veintena, no trabajan, ni estudian y no buscan trabajo. Algunos de ellos mimados en su infancia y criticados en la pubertad. Los expertos no debaten sólo sobre quién recaen las culpas: también intentan ofrecer soluciones a una situación que ya afecta a 60.000 jóvenes según el Gobierno, aunque algunos expertos multiplican esta cifra por diez.

Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) nos encontramos con que 562.100 jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y los 29 años son inactivos: no estudian, ni trabajan, ni buscan forma activa de un empleo. «Hay que saber leer bien las estadísticas —explica el director del Observatorio de la Juventud—, hay que extraer de esa cifra aquellos jóvenes que realizan labores del hogar, con alguna incapacidad, cobrando pensiones o que realizan trabajo social. En realidad, hablaríamos de unas 60.000 personas que se ciñen a esa categoría de «Nini»», concluye Camacho.

Los integrantes de la generación «Nini» son jóvenes entre 18 y 31 años que mecen su incierto futuro entre la indolencia y el conformismo. Están carentes de ilusiones «y se pasan el día en zapatillas»: es la radiografía con la que el psiquiatra Paulino Castells se guía para detectar a un miembro de la generación «Nini».

ERRORES EN LA EDUCACIÓN
Más de la mitad de los jóvenes españoles declaran no tener un proyecto que les ilusione, el 40% de ellos no leen ni un libro al año mientras que el 96% tiene móvil. Para el doctor Castells, profesor de Psicología en la Universidad Abat Oliba-CEU, los «Nini» son las secuelas de una década prodigiosa a nivel económico, «sus padres se han volcado en ellos, les han dado todo y les han librado de cualquier esfuerzo o sacrificio». Desde este concepto educativo «erróneo pero hecho con todas las buenas intenciones del mundo», puntualiza Castells, ha aflorado en nuestra sociedad una suerte de jóvenes que han convertido el domicilio paterno en su particular reino de Nunca Jamás.

La psicóloga de fe evangélica Lidia Martín reconoce que la educación juega un papel clave en la configuración de esta generación«Antes ni siquiera se podía plantear decir en casa la situación de no querer estudiar ni trabajar, había unas normas no sólo tácitas, sino explícitas, y se demandaba de las nuevas generaciones que se esforzaran para conseguir lo que las anteriores no habían podido por dificultades en el proceso de educación o del trabajo», explica la psicóloga. Sin embargo, la situación ha cambiado en los últimos años.

Uno de los aspectos que más influye en la dejadez es la falta de valores. Lidia Martín considera que «no se enfatizan el esfuerzo y la dedicación por encima de otros valores que conocemos, como el hedonismo o el vivir aquí y ahora». La conclusión a la que llega es demoledora: «muchos tenemos la sensación de que falta perspectiva».

En lo que todos los expertos coinciden a la hora de radiografiar a los cachorros de una España en crisis es en la infancia afortunada que han vivido. «Fueron los primeros «niños-llave». Papá y mamá trabajaban, muchos se han criado con los abuelos y no les ha faltado ningún capricho: han sido y siguen siendo las auténticas joyas de la casa», explica Julio Camacho.

Roberto Ontiveros, director de «Generación Ni Ni», el próximo «reality-show» de La Sexta, coincide al describir la benevolencia de unos padres que «desde la más absoluta bondad lo han dado todo por sus hijos y les han rodeado de comodidades para ofrecerles un presente mejor que el pasado que ellos tuvieron».

SIN ILUSIONES
Pero nadie miró al futuro: una España inmersa en una profunda crisis que se ha cebado, sobre todo, con los trabajadores más jóvenes. «En contra de lo que históricamente ha sido habitual -relata Ontiveros-, ellos saben que les espera un futuro peor que el de sus padres y eso les desanima por completo: no tienen esperanza de futuro ni fe en sí mismos. Han abandonado, no quieren crecer ni luchar y piensan que el mundo es imposible de cambiar. Es la antítesis de la palabra juventud».

Para elaborar el cásting de este concurso, Ontiveros explica que han sido los progenitores los que movían ficha. «Están desesperados, no saben cómo devolver la ilusión a sus hijos». Algo que coincide con los motivos que llevan a los padres a visitar la consulta de un psiquiatra. Según Castells, siempre está relacionado con una situación límite: «Vienen tarde, cuando el problema ya es grande y siempre solos, el hijo siempre se niega a acudir a la cita con un psiquiatra».

El concurso agrupa a ocho jóvenes en una casa en la que conviven bajo la tutela de dos educadores con unas normas muy claras: «el que trabaja, come», comenta Ontiveros. Precisamente, este tipo de terapia es la que sigue el doctor Castells. «Para reconducirles, hay que marcar unas pautas concretas, unos horarios estrictos y establecer un cambio radical en la dinámica en la relación con sus padres». Para este reconocido psiquiatra los «Ninis» tienen difícil recuperación. «Es una pena -explica- pues suelen ser chavales muy inteligentes convertidos en déspotas familiares, en tiranos, y acaban inhabilitados para la vida familiar, laboral. En un futuro serán unos inadaptados y unos marginados». 

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